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Y de repente tú… justo lo que necesitaba en ese momento.
Te busqué y no me costó nada encontrarte. Desde el primer, día tú y el mar fuisteis mis maravillosos compañeros.
Hacías que me permitiera muchas cosas desde mi sentir… sentí que ser auténtica (mi gran pelea) es saber elegir, saber actuar, saber perdonar y aceptar que las relaciones enquistadas de la familia, amigos, pareja… nos influyen en nuestra capacidad de amar y recibir. Me hiciste sentir que mi alma se liberaba de la cárcel perfecta que yo había construido, me movías sin prisa, sin objetivo, sin resultados… sólo sentía tu amor y tu energía… Y eso provocó un cambio en mí.
Gracias por tu gran sabiduría y por enseñarme que nuestra alma pertenece a un alma más grande.