Volvemos a hablar. Esta vez cara a cara. Tiene unas ojeras insólitas y profundas. Como la zanja que le ha abierto en el corazón el varón desconocido. Habla sin ritmo, sin ganas. Se tapa la cara con las manos para llorar por enésima vez. ‘¿Qué va a ser de mí?, ¿Qué va a ser de mí?’ -repite desamparada.
Afortunadamente, no me pide consejo. Sólo necesita que la acoja. En el fondo, sabe que aquí no valen las recomendaciones. Lo ha visto en muchas películas y lo ha leído en otras tantas novelas. El enamoramiento, como el dolor por una pérdida, es irracional y sólo se puede superar dejando que atraviese cada una de nuestras células. Es como la tormenta en mitad del océano. Si queremos sobrevivir, no podemos dejar el barco a la deriva sino que tenemos orientar la proa hacia la ola y enfrentarnos a ella.
Y, luego, rezar para que vuelva la calma y así poder decidir si queremos regresar a nuestro puerto o preferimos emprender la ruta hacia nuevos horizontes.
Comparto el análisis sobre el enamoramiento. Lo estoy viviendo. Pero, ¿que quieres decir en la última frase con volver a nuestro puerto? Entiendo de lo buscar nuevos horizontes pero no lo anterior.
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Anónimo, lo del barco, la tormenta y el puerto es una metáfora. Para mí, el enamoramiento es la tormenta, donde vienen olas inesperadas y se han de afrontar sí o sí para seguir en el barco, o sea, vivo. Luego, cuando las aguas recuperan la calma, cuando pasa la efervescencia y la agitación del sentimiento, la persona enamorada puede volver a su puerto con su familia (recuerda que esta mujer está casada) o puede seguir su travesía en el barco junto a su nuevo amor en busca de una nueva vida.
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Entendido, gracias. Sólo una pregunta. ¿Ha hablado ella con el varón desconocido de sus sentimientos?
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Sí, sí, … está hablado y, para bien o para mal, el sentimiento es mutuo. Lo único que los diferencia es que él está separado y no tiene ese sentimiento de culpa.
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Muchas gracias por transmitirnos estas reflexiones y vivencias Francesc, son muy interesantes. Me gusta haber encontrado este espacio de reflexión
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Anònimo, gracias por participar.
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Un tema muy interesante y hay una cosa que nadie ha preguntado todavía, ¿que siente el hombre? ¿está también afectado por la situación pese a estar separado o sólo a la espera?
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Anónimo, es una excelente aportación. ¿Y el hombre cómo está? Desafortunadamente no puedo responder a esa pregunta. No conozco a ese señor. Y cuando hablo con mi amiga intento no tocar ese tema para no echarle más leña al fuego. Sin embargo, podemos elucubrar. Y si ese hombre está tan enamorado como mi amiga, es probable que también transite entre el éxtasis del amor y la preocupación por ver a su amada en esa encrucijada.
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Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella. – José Ortega y Gasset
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¡Fantástica cita!
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