Para entender esta cuestión, me sirvió la lectura de un post que glosaba sobre la teoría de La espiral del silencio que había desarrollado Elisabeth Noelle-Neumann. Según esta socióloga alemana, la sociedad castiga con el aislamiento a los que no cumplimos con el status quo, los que se salen de la norma. Como tenemos miedo al rechazo, estamos permanentemente evaluando la opinión que estamos causando a los demás, lo que repercute en la frescura, sinceridad y espontaneidad de nuestras opiniones o declaraciones.
Si en la sociedad es frecuente este fenómeno, en la empresa se puede hablar de mal endémico. Cuando ejercí de coach ejecutivo, me encontraba una y otra vez con directivos que se callaban muchas opiniones, tanto de sus colaboradores como de sus jefes, quienes, a su vez, también evitaban hablar sobre determinados temas para no comprometer su posición. Como resultado de toda esta falacia, el nivel de confianza entre los componentes de la plantilla era mínimo. Igual o peor que el nivel de implicación y compromiso con la misión de la organización.