PERIODISMO FICCIÓN
Periodista: Buenas noches, bienvenido a nuestro programa.
Político: Buenas noches.
Periodista: Antes de empezar con la entrevista, déjeme que le enseñe este vídeo.
(El vídeo muestra una recopilación de declaraciones durante la campaña del político X en la que afirma hasta en veinte ocasiones que no pactará con el partido de la oposición)
Periodista: Sr. X, a raíz del pacto que acaba de firmar con la oposición y, viendo lo que dijo reiteradamente durante la campaña, ¿qué motivos nos deja para creer en las promesas que haga a partir de hoy?
Político: (Nervioso) Bueno, mire nuestro partido tiene vocación de servicio al país y en estos momentos el país necesita un gobierno sólido.
Periodista: (Firme) No me ha respondido a la pregunta. Insisto. ¿Qué le quiere decir a las personas que le votaron pensando en que nunca pactaría con la oposición?
Político: (Tenso) Les diría que a veces la política supone tomar decisiones que van en contra de los intereses particulares.
Periodista: Déjeme que le enseñe otro vídeo.
(El vídeo vuelve a enseñar declaraciones de X en materia de educación, economía, salud y política social que nunca se llegaron a cumplir)
Periodista: Sr. X, a la vista de lo que acabamos de ver, parece que sus promesas no tienen ninguna credibilidad.
Político: (Muy tenso) Le repito que nuestra principal preocupación es sacar adelante este país y haremos todo lo que sea necesario para conseguir ese objetivo. Y si me deja un poco de tiempo, le explicaré como pensamos llevar a cabo nuestro plan.
Periodista: (Implacable) No, no le voy a dejar tiempo a explicarse porque sus palabras, mientras no me de una razón válida, carecen de credibilidad.
Político: (Enojado) ¿Me está llamando mentiroso?
Periodista: Le estoy llamando tramposo.
Político: (Muy enojado) Sra. Y, le ruego que mida sus palabras y rectifique de inmediato.
Periodista: (Seria) Sr X, Vd. no puede exigir algo que es incapaz de hacer por sí mismo.
Político: Todo esto me parece un despropósito. Ciertamente, no sé porqué me ha llamado.
Periodista: Le hemos llamado para que explique a nuestra audiencia el por qué de sus constantes engaños.
Político: Ya se lo he explicado. La política es así.
Periodista: No, Sr X, no se equivoque. La política no es así. La política no se basa en el embuste. La política es una cosa muy seria y muy honesta. Es Vd. y su partido los que han estado mintiendo al pueblo con promesas vacías de contenido para alcanzar el poder.
Político: (Fuera de sí) Retire sus insinuaciones, Sra. Y, de lo contrario…
Periodista: … ¿de lo contrario qué, Sr. X? ¿Me está amenazando?
Político: (Controlando los nervios) Mire Sra. Y, yo he venido a hablar de mi programa de gobierno y Vd. no me da la oportunidad de hacerlo; por tanto, no tiene mucho sentido seguir con la entrevista.
Periodista: (Implacable) Vd. lo acaba de decir, Sr. X, esto es una entrevista y, por más que le pese, en este espacio el que hace las preguntas soy yo. Por mucho que le sorprenda, Sr. X, a nosotros nos gusta ofrecer la verdad a nuestra audiencia, cosa que, como ha quedado sobradamente demostrado, no parece que sea su prioridad. Con lo cual, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Vd. en que no tiene sentido continuar con esta pantomima. Que tenga muy buenas noches.
Político: (Levantándose airado de la mesa) Buenas noches.
FUCK VUELING
El avión llega a la una de la madrugada. Ya es sábado. El pasaje desaloja la nave con un rebote monumental abonado por un retraso de dos horas y una inexplicable ausencia de explicaciones. Vueling nos acaba de secuestrar en el aeropuerto de la capital con prepotencia y alevosía. Estoy exhausto. Llevo más de veinte horas sentado y mi mente solo piensa en aguantar el siguiente minuto. La piel de mi coxis sufre aterrorizada ante la amenaza de la llaga. Entran dos empleados de Aena para sacarme de ahí. «Su silla no está disponible, la iremos a buscar a la cinta de recogida de equipaje.» —me dice uno de ellos con acento argentino. El cansancio que acumulo retrasa la aparición del cabreo. Le digo que esa silla forma parte de mi cuerpo y que no puedo salir amputado del avión. El buen hombre me explica que los recortes han afectado los servicios de handling que operan de madrugada y que la bodega de nuestra aeronave tardará en vaciarse.
Estoy tan agotado que ni acierto a cagarme en la puta que parió al capitalismo ni, peor, me niego a abandonar el avión sin mi ‘equipaje de culo’. La tripulación se encoge de hombros y se ensancha de sonrisas y permite ese ultraje a mis derechos fundamentales. Tienen tantas ganas de llegar a sus casas que les importa un comino lo que le ocurra a mi salud. Llegamos a la cinta y esperamos. Diez minutos. Quince minutos. Respiro hacia fuera mi agotamiento. Media hora. Tres cuartos de hora. Durante el impasse, me entero por boca del porteño que el comandante hubiera podido ejercer su poder para abrir las compuertas de la nave y ordenar la entrega de mi silla. Una hora. Una hora y cuarto. La cinta se pone en marcha y aparece a lo lejos mi asiento. El taxi hace muchos euros que me espera en la parada.
Vueling, ya van dos. Creo que es hora de empezar a AVEriguar otras alternativas.
EL VIEJO SEMPITERNO
Eladio es un ser muy vivido que mira a ratos y habita en un porte desgarbado de profesor universitario. En sus discursos utiliza un verbo añejo y mordaz que mueve la conciencia de quienes lo escuchan. De vez en cuando, más de vez que de cuando, se manda a callar para hablarse y reflexionarse, y es en esos silencios donde se puede escuchar a gritos su atormentada bondad. Sí, Eladio rezuma desolación porque atesora un invento que puede salvar millones de vidas y que no ha visto la luz porque los únicos que se han interesado por él son una pandilla de tecnócratas insensibles que sólo piensan en seguir alimentando la avaricia que ha roto el saco de la decencia humana. «Y a estos, ni agua.» —se queja.
Tras una comida más que agradable, detuve el café para proponerle un contacto de la administración que sugería muchas esperanzas. Eladio cogió un poco de distancia y trató de camuflar su emoción detrás de unos cristales tintados. Quizá esa era la última oportunidad para convertir su idea en realidad.
Su llanto me dejó mudo. Roto y lacio. Y así llevo unos cuantos días, disuelto entre las lágrimas de un científico con una sensibilidad y generosidad tan sublimes que elevan al infinito la esperanza en la humanidad.
ADICTO A LA EGOÍNA
Hola cielo,
¿Estás bien? Ayer me dejaste pasmado con tus ideas estrafalarias acerca del proyecto que quieres iniciar. ¿Quién te has creído que eres? ¿Dónde te piensas que vas? Desde que te tomas esas pastillas que te veo muy cambiada, muy rara. Ya no escuchas mis sabios consejos.
No, siento decirlo, aún no esta preparada para volar sola. Sigues con tus niñerías de siempre y mereces que te siga custodiando. Hazme caso. Sólo tienes que mirar atrás y bucear en tus ingresos en el psiquiátrico. Aún te queda mucho por aprender de mi maestría y mi talante. Te lo he dicho mil veces, eres una inmadura y como tal te voy a tratar. Hasta que aprendas.
Sabes que no hay nadie en este planeta que te quiera como yo. Es tal el amor que te profeso que hasta que no te vea brillar como yo no te soltaré.
Siempre tuyo,
Orlando
P.O. Dedico este post a las miles de mujeres que sufren algún tipo de maltrato o abuso.
MIENTO LUEGO EXISTO
Hace varios años, cuando aún era un púber en esto del coaching, vino a mi consulta una mujer que estaba desquiciada con la vida y a un tris de darse por perdida. Su tono de voz era monótono, muy monótono y tardaba una eternidad en explicarse. Me contó que llevaba siete meses separada, después de descubrir una farsa descomunal.
A raíz de una llamada del banco, empezó a tirar de un hilo que le permitió desenmascarar diez anos de mentiras maritales. Y no me refiero a la clásica vida de amantes. No. Estoy hablando de una suplantación patológica de la identidad. Es decir, un tío que se inventó el trabajo, las deudas y hasta el historial clínico. Todo, absolutamente todo lo que le habla contado a su mujer, era un embuste, una falacia. Puro papel mojado.
La mujer tardó dos anos en reunir las pruebas y acumular fuerzas para revelar la verdadera identidad del impostor. Pero justo unos días antes de acorralarlo, el tipo se esfumó como un fantasma.
Acabé la sesión ofreciéndole un par de nombres de psicoterapeutas, sabedor que esta mujer tardaría unas cuantas vidas en volver a confiar en otra persona.
AMPUTACIÓN
Andrés nació albino y se crió en una familia rural que veía en su pelo blanco y su corta vista la señal de una maldición. En la escuela aprendió a aprender sin mostrar su discapacidad visual. Aprobó el graduado escolar a base de saquearle horas a la noche y de explotar su generosa capacidad intelectual. A lo dieciocho años, harto de esconderse del mundo, mandó sus padres al carajo y se plantó en Madrid para labrarse su propia identidad. Andrés tiene ahora cuarenta años, una hija celestial y una vida cómodamente instalada en el malestar existencial.
Me cuesta digerir su historia. Sus palabras chocan con mi credulidad como guijarros. Sus lágrimas apalean mi conciencia. Reconozco esa congoja de crecer bajo una mano firme que sólo te acaricia cuando logras la excelencia. Sin embargo, lo de Andrés es de parricidio. Él vivió como un apestado, oculto entre los gorrinos de la casa. Señalado de por vida.
Hoy, tras más de veinte años de terapia, Andrés todavía lucha por recuperar la dignidad que sus progenitores esparcieron en el lodazal de su pocilga. «No me aguanto.» —me confiesa desfallecido.
Te escucho, Andrés. Yo si te aguanto. Te sostengo. Te admiro.
PALABRAS SENTIDAS
Más allá de discursos, de argumentos meticulosamente elaborados, de textos rellenos de razones y razonamientos, de ideas revolucionarias, al final lo que queda, lo que nos ayuda a valorar el impacto de un escrito, un libro o una conferencia es el movimiento emocional que nos ha generado. A lo largo de nuestra vida, vemos centenares de películas, estudiamos decenas de teorías, escuchamos montones de ponencias o leemos miles de libros y, sin embargo, a pesar de la cantidad de información que recoge nuestro cerebro, lo que adquiere valor y significado para nosotros es lo que ha hecho vibrar nuestro estómago.
Para una cirujana será el no va más de los métodos quirúrgicos, a un deportista le llamará la atención la biografía de un colega contemporáneo y una trabajadora social se conmoverá con el cuento que le ha dedicado una persona usuaria de su servicio. La memoria emocional que tenemos instalada en el sistema límbico se mueve ante ciertos estímulos. Y cuanta más intensa sea la ráfaga, mayor tiempo permanecerá el estímulo en nuestra lista de recuerdos.
A eso, algunos le llaman comunicación no verbal.
’LO QUE ES’ ES LO QUE ES
Reinterpreto un texto de Byron Katie:
«Cuando aceptamos ‘lo que es’ no tenemos que decidir nada. En nuestra vida sólo tenemos que esperar y ver; y confiar que la decisión la tomaremos (o se tomará) a su debido tiempo. Somos personas sin futuro. Cuando no tenemos que tomar decisiones, no hay futuro ni planificación. Todas las decisiones se toman por sí solas. Cuando mentalmente nos contamos la historia que tenemos que hacer algo (o tenemos que decir algo o tenemos que ser de una determinada manera), nos estamos apegando a esa historia.
Supongamos que volvemos de una día en el campo y encontramos la casa llena de ropa sucia, montones de papeles en la mesa del despacho, el plato de la comida del perro vacío, los baños sin hacer y una pila de platos por lavar. En lugar de entretenernos en alimentar el juicio de que somos un desastre, podemos escuchar la voz interna que nos dicta por donde empezar: «Lavar los platos.» Es como seguir un mandato divino que nace en nuestra fuero más interno: «Lavar los platos.» No suena muy espiritual, pero la propuesta es que sigamos esas instrucciones. Nos levantamos, nos ponemos el delantal y empezamos a lavar platos. Uno a uno. Y cuando hemos acabado esa tarea, volvemos a obedecer la orden que nos indica la siguiente faena. No se necesita nada más. Al final del día, la casa estará ordenada sin necesidad de entender quién o qué lo hizo.
Cuando aparece un pensamiento del tipo «Lavar los platos» y no le hacemos caso, entramos en una guerra interna. Y sería algo así como: “Los lavaré más tarde. Hace tiempo que debería haberlos lavado. Mi pareja tendría que lavarlos. No es mi turno. No es justo. La gente pensará mal de mí si no lo hago ahora.” Con todo este arsenal de pensamientos se genera un estrés y un cansancio mental de proporciones descomunales.
La metáfora de» lavar los platos “ se puede aplicar a cualquier tarea, idea o pensamiento. De lo que se trata es de recibir con amor ‘lo que es’ en ese momento. Sea lavar los platos, llamar a los padres o hacer los deberes del día siguiente. Nuestra voz interior nos guía durante todo el día. A pesar de que es sólo una pequeña historia, cuando seguimos los designios de esa voz, nos ponemos manos a la obra y se acaba la historia. Dejamos de regodearnos en el pensamiento y nos dedicamos a vivir en plenitud. esperando, confiando y amando lo que aparece frente a nosotros aquí y ahora. Nunca recibimos más de lo que podemos acoger o gestionar, y siempre es una sola cosa cada vez.»
HAGAMOS DESDE LA PAZ
Cuando leo algunos textos de los colectivos LGTBI o de las personas con diversidad funcional (y anteriormente de otros colectivos), me encuentro con un lenguaje que me produce cierta antipatía. Me refiero al uso de palabras como “luchar”, “defender”, “batallar”, “enemigo”, “conquista” o, incluso, “guerra”. A veces, me veo hablando de nuestro proyecto Tandem Team y caigo en la tentación de utilizar esos términos, como si se hubieran instalado en nuestro insconsciente colectivo.
Por una parte, entiendo que determinados grupos o colectivos se posicionen en el combate a la hora de acceder a sus derechos. Históricamente, la lucha y el conflicto han sido los únicos aliados disponibles para conseguir espacios de libertad e igualdad. Sin embargo, por otra parte, veo que los tiempos han cambiado o, como mínimo, están empezando a cambiar. También siento que no hay una única manera de conseguir los objetivos. Que la visibilidad de las minorías desfavorecidas y sus reivindicaciones se puede hacer desde el amor, desde la comprensión y el diálogo sereno.
Estoy convencido que las palabras no son inocentes y que el lenguaje genera realidades y estados emocionales. Por eso, en Tandem Team elegimos ese lugar más sereno y pacífico para exponer nuestras ideas y promover nuestras acciones.