¡MUERTE AL CURRICULUM VITAE!

Cuanto más avanzo en la reflexión, más convencido estoy de que somos seres únicos e irrepetibles. Nuestra naturaleza permite que seamos individuos exclusivos y diferentes entre sí, tanto a nivel físico como emocional. Ni siquiera los gemelos son idénticos, aunque sólo sea porque sienten cosas diferentes. Además de nuestra anatomía, existe un componente emocional en nuestra estructura existencial que confiere un sello distintivo a cada uno de nosotros. Frente a un hecho objetivo y concreto, hay tantas reacciones emocionales como personas expuestas a ese hecho. Por mucho que se le otorgue el mismo nombre (miedo, amor, …), la vivencia emocional es privada, inexplicable y excepcional.

Todo intento por homogeneizar el ser humano es, a mi modo de ver, un sabotaje, una traición. Sin embargo, cuanto más profundizo en la observación, más aturdido me quedo con los intentos de nuestra cultura en aniquilar esa heterogeneidad. Si no, ¿de dónde salen tantos manuales, ratios, etiquetas, adjetivos, titulares, títulos, fórmulas, calificaciones, identificadores, números, certificados, diagnósticos, psicotipos, esteriotipos, modelos, modas, tendencias, notas, …?

¿Dónde está el silencio? ¿Quién nos enseña a experimentar con las emociones? ¿Cuándo vamos a dejar de hablar de banalidades? ¿Qué significa ‘Ser Humano’?

EL CRASH A LOS 29

No lo puedo evitar. Cuando me cruzo con el empecinamiento paterno, me sublevo. Será por solidaridad con el más débil. Será por mimetismo. No lo sé. Pero sigo sin entender la obsesión que tienen algunos padres por llenar el currículum de sus hijos con títulos, notas y certificados que no tienen nada, pero nada, que ver con el carácter o la naturaleza de las víctimas. Lo siento. Esta búsqueda de la excelencia por la excelencia me parece una perrería, una puñalada al frágil equilibrio infantil. Si eso es amor, que no les quieran tanto, por favor.

Reconozco que la tendencia a la ‘titulitis’ va remitiendo. Y que hay muchos, pero muchos, progenitores que abren puertas en lugar de cerrar opciones, que se acercan a sus hijos con mimo y que les ofrecen el hombro para apoyar sus inseguridades. Ahora bien, la obsesión por el sobresaliente, o por el máster del máster me saca de quicio. Y más cuando el niño en cuestión ni puede ni quiere llegar a ese sobresaliente. ¡Cuánto daño se camufla detrás de una frustración individual! ¡Cuánto peso se carga sobre las espaldas de un inocente!

¿Revolución? Ahí empieza la revolución. Erradicando la dependencia con el dinero. Dejando de proyectar en el otro las propias inseguridades. Enseñando a enseñar las emociones. Despertando el lado genuino del individuo.

DIMES Y DIRETES

Oír las quejas de un chico de veinte años es bastante habitual. Ver la cara sonriente del mismo chico al cabo de dos meses y escuchar los cambios que ha sentido en su vida cuando ha dejado de quejarse, es una bendición. Primero, por haberlo conseguido y, después, por haberlo compartido.
‘Tienes que inventar algo para vacunar al mundo entero con lo que has experimentado’ –le sugerí en broma.
‘No te preocupes –me contestó-, me encanta hablar’.
Lo dicho, una bendición.

LA RECOMPENSA DEL SILENCIO

Ramesh Balsekar explica en su libro que ‘En su vida cotidiana, muchas personas corrientes experimentan durante algunos momentos un estado de quietud de la mente. A pesar de ello, la palabra ‘meditación’ asusta a la persona común. La palabra tiene un funesto historial que la gente asocia a sentarse con la espalda recta y una farragosa rutina, en un cierto tipo de alfombrilla y a una hora determinada del día. En realidad, cualquier individuo puede practicar la meditación en cualquier momento en que se encuentre solo. La meditación significa, simplemente, ser consciente de cada pensamiento y de cada sentimiento que está ahí en el instante presente, observarlo y acompañarlo sin más, sin considerarlo correcto o incorrecto, sin tratar de justificarlo o condenarlo. De este tipo de percepción brota el silencio. Este silencio que surge por sí mismo, que no es simulado, provocado o controlado, es meditación verdadera en la que el observador, el meditador, está ausente’.

A VECES VEO TUERTOS

Ser genuino, a veces, implica pensar, decir o hacer cosas contrarias a lo que piensan, dicen o hacen aquellas personas que nos rodean. Este acto de reivindicación personal puede ser muy efervescente cuando lo que estamos rebatiendo son los pensamientos, las palabras o las conductas que hemos recibido de nuestros padres. Una de las creencias que puede ser muy perniciosa para nuestro bienestar es pensar que a un padre o a una madre no se la puede confrontar o contradecir. Cuando está en juego nuestra armonía o nuestra autoestima, no hay lazo de sangre que valga.
Ahora bien, que se pueda contravenir a un padre, no significa que sea tarea fácil. Precisamente, porque ha sido ese padre o esa madre la que ha inculcado la creencia maldita, ésta permanece en el inconsciente del hijo condicionando su libertad. Y no sólo la creencia, los padres también se valen de la emoción asociada a esa creencia para controlar el orden filial. ‘Te querré si haces lo que yo te diga que hagas’. Esta frase tan totalitaria caricaturiza el precio que algunos padres cobran por el amor que les dan a sus hijos. Probablemente nunca la verbalicen así de clara, pero eso no significa que, de forma consciente o inconsciente, la utilicen para chantajear emocionalmente a su prole. Poco a poco, a base de recompensas y castigos, algunos padres se escudan en el amor para inculcar en silencio esta barbaridad contranatural a sus hijos.

CANAL INVISIBLE: Cap. 45

Que sepas que te aprecio, amigo.
¡Qué digo te aprecio! Te quiero, tío. Te quiero un montón. No hay nadie que me haga sentir tan acompañado, tan tonificado. Sobre todo, porque contigo no tengo que demostrar nada. No sé cómo lo haces, pero cuando hablo contigo me permito levantar el pie del acelerador y ponerme a ralentí. ¡Qué bien se ven los paisajes desde esta perspectiva! A tu lado, soy lo que soy y me siento aceptado. ¿Sabes el valor que eso tiene para mí? No, no lo sabes porque no tengo los huevos de confesarlo. Eso lo hacen los buenos amigos, y a mí aún me queda mucho. Prefiero pagarte una comida a regalarte mi reconocimiento. Si ves que bajo la mirada o me sonrojo o aprieto los puños, no pienses que me he enfadado. Sólo estoy tratando de decirte que te quiero, un sentimiento que no he sabido exteriorizar ni con mis propios hijos.

TESTIMONIO: A. T.


Tú ya has pasado tu propio calvario y has llegado a tener las cosas muy, pero que muy claras. Yo aún estoy en pleno proceso de recuperación, y de vez en cuando, aparecen algunos baches en el camino. Pero se están produciendo cambios, cambios positivos cargados de buenas energías que me ayudan a ver las cosas más claras. Tienes ese don de hacer la pregunta justa para que me plantee los hechos desde otro punto de vista, lo que me ayuda a sentirme menos víctima. Tienes ese don de contestarme las preguntas que parecen no tener respuesta, aunque no me guste la respuesta.
Eres una persona con magia y hablar contigo es un lujo. Cuando llego con un montón de entuertos en mi cerebro, al cabo de un rato parece que las cosas se desenredan. Tienes tanta empatía que es fácil hablar y sincerarse contigo.
Gracias por ayudarme a salir de mi estado ‘macetativo’.
P.D. Gracias a ti A.T. por regalarme tu intimidad.
Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar