EASY AS LIFE

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Mirad con curiosidad. Fijaros bien en su mirada. Limpia, inocente, transparente, brillante. ¿Qué veis? Y, más importante, ¿qué sentís? ¿No creéis que estáis ante la personificación del amor? ¿No os gustaría que conservara esa luminosidad hasta el último de sus días? Pues pensad que vosotros y sólo vosotros sois los únicos que podéis hacer que ese milagro ocurra. Padres, hermanos, familiares, amigos, profesores, medios de comunicación, políticos, empresarios, religiosos, … Todos y cada uno de vosotros podéis hacer que este ser humano que ha nacido lleno de amor pueda mantenerlo y aumentarlo hasta el infinito. Pensad que cada vez que le cortáis una sonrisa, le ordenáis un comportamiento, le silenciáis un te quiero, le dejáis de preguntar sobre sus sueños, le coartáis un aprendizaje, le encasilláis en un juicio o le inducís a que diga algo que no sale de su interior estáis cercenando ese amor que desprende de forma natural. Es muy sencillo. Se trata de que, de la misma forma que una semilla se convierte en un árbol sólido y fructífero, seáis capaces de abonar y regar este maravilloso ser con una avalancha de te quieros para dejar que la naturaleza se ocupe de hacerlo florecer hasta su máxima expresión.

ESTO, NO TANTO

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Lo que me hacía sentir incómodo en el coaching era la parte conductivista de la disciplina. En general, la mayoría de escuelas de coaching proponen que se clarifique muy bien cuál es el objetivo del coaching y cuánto durará el proceso. Así mismo, los coach expertos recomiendan que cada sesión acabe con una tarea para el coachee. A mí, tanta estructura, tanto plazo, tanta disciplina, me traía de cráneo. Reconozco que es un buen método para fijar las acciones que han de llevar a la conducta esperada, pero también hay otros métodos igual de buenos. A medida que iba adquiriendo experiencia me sentí con confianza para liberarme de los clichés iniciales y aportar técnicas de otros campos o de mi propia cosecha. Con el tiempo observé entusiasmado que, a pesar de mi poca ortodoxia, la eficacia del proceso seguía intacta.
Son maneras de hacer. Y creo que cada uno debe elegir aquella con la que se sienta más identificado. Por eso me he ‘desetiquetado’ como coach, porque si bien vengo de este mundo y me identifico con algunas de sus interpretaciones, hoy por hoy creo firmemente que para ‘mover’ a las personas no basta con centrarse en la acción sino en la emoción. Y, sobre todo, en la propia emoción, antes que la de la persona que viene a la conversación.

ESO SÍ

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Hay una filosofía que aprendí del coaching y con la que me siento plenamente identificado. Se trata de la actitud que tiene un coach a la hora de relacionarse con sus clientes. Mientras que los terapeutas tradicionales ven al otro como alguien que no ‘funciona’ o no está bien y a quien hay que ‘arreglar’, en el coaching nadie está mal ni hace falta ‘corregir’. No estoy de acuerdo con las terapias en el sentido que hay un señor que dice que sabe lo que me está pasando y que su decir tiene características de verdad única. Él sabe cómo soy y su decir es más importante que el mío. Él me dice lo que me pasa y tengo que acatar ese decir porque él sabe.
El coaching se alinea en una posición filosófica distinta. El coaching siempre está centrado en la vida como camino de aprendizaje, en el hacer. En el coaching lo que le falta es aprender algo que no se ha aprendido con anterioridad. El coach mira a la persona en un momento de vida que le genera un sufrimiento, pero esa persona está completa, no le falta nada para dejar de sufrir; sólo tiene que suspender eso que está haciendo. El coach no sabe cómo eliminar ese sufrimiento pero le dice a su interlocutor ‘te acompaño, exploremos, investiguemos, hablemos, …’

LABERINTOS

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Si aceptamos que los problemas de la persona nunca son unidireccionales debemos aceptar también que éstos no pueden ser tratados de forma unilateral. Hay decenas, cientos de opciones para generar ese estado de conciencia que hace que una persona resuelva sus insatisfacciones. Psicoterapia, coaching, yoga, meditación, anagrama, rebirthing, psicoanálisis, bioenergía, reflexoterapia, equinoterapia, constelaciones familiares, heart dance, shamanismo, religión, teatro, gospel, limpieza de aura, ecotrofología, terapia con color, coaching corporal, mentoring, …
He hablado con varios terapeutas y coach acerca del secreto de un proceso exitoso y cada uno me ha dado su versión. Creo que, como en todo, no hay una fórmula preestablecida que asegure los resultados. Todos somos diferentes y todos tenemos un conjunto de experiencias vitales que hacen única la forma de aproximarse a la solución. Los procesos de cambio o de aprendizaje pueden empezar leyendo un libro o introduciendo cambios en la alimentación o escuchando una conferencia. Cualquier aportación, venga de donde venga, será válida si la persona ratifica esa validez.

CORROBORAR

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Leo con entusiasmo este artículo que analiza desde una perspectiva científica la eficacia de los procesos terapéuticos y encaja con la opinión que he ido construyendo de forma intuitiva.

UN NUEVO PARADIGMA

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Tanto las terapias tradicionales como el coaching u otras disciplinas de desarrollo personal hacen hincapié en que un buen vínculo entre el paciente o cliente y el terapeuta o coach amplia las posibilidades de éxito. Así mismo, explican los entendidos, que para lograr ese vínculo es necesario prestar toda la atención al paciente con el fin de leer su lenguaje no verbal y su estado de ánimo. ‘Cuando veas o escuches esto –proponen- di o haz esto otro o pregunta esto de más allá’. Todo esto transcurre, generalmente, con el terapeuta o coach sentado detrás de una mesa tratando desesperadamente de conseguir que se produzca ese momento mágico de conexión en que se liberan todas las tensiones y la terapia empieza a avanzar.
Personalmente, estoy de acuerdo en la necesidad de crear un buen vínculo para mejorar la eficacia de los procesos de aprendizaje. Sin embargo, no tengo tan claro que para conseguir esa ‘química’ tengamos que concentrar las energías en el paciente o cliente. Mi experiencia me dice que las veces que he conseguido un buen vínculo ha sido aquellas que he estado muy pendiente de mi energía y de mi centrado emocional y corporal. Y ha sido desde ese estado donde la persona que conversaba conmigo ha podido relajarse y conectar con su propio centrado emocional y corporal, con su esencia y aferrarse a ella para empezar a moverse en dirección al bienestar.
Esta es, por tanto, mi propuesta: conectarme con la energía del AMOR para fluir con la otra persona a través de la palabra.

TESTIMONIO: S. N.

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Y de repente tú… justo lo que necesitaba en ese momento.
Te busqué y no me costó nada encontrarte. Desde el primer, día tú y el mar fuisteis mis maravillosos compañeros.
Hacías que me permitiera muchas cosas desde mi sentir… sentí que ser auténtica (mi gran pelea) es saber elegir, saber actuar, saber perdonar y aceptar que las relaciones enquistadas de la familia, amigos, pareja… nos influyen en nuestra capacidad de amar y recibir. Me hiciste sentir que mi alma se liberaba de la cárcel perfecta que yo había construido, me movías sin prisa, sin objetivo, sin resultados… sólo sentía tu amor y tu energía… Y eso provocó un cambio en mí.
Gracias por tu gran sabiduría y por enseñarme que nuestra alma pertenece a un alma más grande.

LA GÉNESIS (2)

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Siempre tuve dudas con la palabra coaching. Desde que hice el primer curso, nunca me sentí identificado con la palabreja, pero era tan nuevo y tan fascinante lo que iba descubriendo que me dejé llevar. Recuerdo que en las primeras sesiones trataba de seguir al pie de la letra el guión que marcaba la metodología: definir bien los objetivos, finalizar las sesiones con una tarea, evitar la pregunta del ‘por qué’, no mezclar lo personal con lo profesional (en el caso de coaching ejecutivo), no dar puntos de vista, evitar hablar de mi vida con el cliente, … O sea, todo muy bien estructurado según los cánones aprendidos. A medida que fui adquiriendo más experiencia, empecé a dejarme llevar y a romper ciertos tabúes y a introducir técnicas de otras disciplinas y de mi propia cosecha. Eran pequeñas licencias que me permitía que quizás no modificaban la eficacia del proceso pero que definitivamente me hacían sentir mucho mejor con lo que hacía. Así estuve cinco años.
Una baja por larga enfermedad me apartó momentáneamente del coaching y cuando quise volver a ponerme el traje de coach me miré al espejo de la conciencia y vi, sentí, que ese estilo no era para mí y que tenía que actualizar el vestuario. Estuve un año y medio paseando por Barcelona, pululando sin ninguna intención. En este tiempo me empaché de sol y de mar y poco a poco fui modelando los cimientos de lo que se ha acabado por constituir como Hablacadabra.

TESTIMONIO: R. A.

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¿Qué ha pasado con tu vida después de nuestras conversaciones?
Me promocionaron en el trabajo, acabé de hacer el duelo de la muerte de mi padre, entendí más a mi hijo y he conocido a un hombre con quien me entiendo muy bien porque acepto su amor y le puedo corresponder sin miedo. También he eliminado amistades indeseables y he sabido reconciliarme con otros.
¿Cómo te has sentido mientras hacíamos las sesiones?
En total confianza. Hace años hice dos terapias mas convencionales pero no conseguí ser sincera con ellas porque no sentía que la persona de enfrente me entendía, me escuchaba.
¿Qué que has aprendido en este tiempo?
He aprendido a confiar mas en mí, es decir, a ser más ‘yo misma’ ante los demás. He aprendido a aceptar mi lado más sensible, más frágil, a decir lo que pienso, a saber lo que quiero y a no arrastrar las cosas negativas. Creo que también escucho más y mejor a los demás.
¿Qué es lo que más te ha gustado del proceso?
La empatía, la proximidad, el dialogo… No era un monólogo, era una conversación entre dos personas que se entienden y que se aportan algo mutuamente.
¿Qué destacarías de mi ‘forma de conversar’?
Aportas mucha paz, tío. El hecho de saber que lo has pasado putas y que sigues con la sonrisa en la cara, que eres capaz de mirar otras cosas más allá de tu ombligo y que quieras dedicar una parte de tu vida en querer ayudar a los demás … no sé… Chapeau! Te quiero un montón!

P.D. Yo también te quiero R.A. por darme la confianza para escuchar tu intimidad y por enseñarme a introducir el diálogo en mis conversaciones

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