TAKES TWO TO TANGO

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He sido testigo en varias ocasiones de los dilemas que se le plantea a una persona a la hora de escoger una determinada corriente terapéutica para tratar de solucionar algún aspecto de su vida. Que si la hipnosis, que si el psicoanálisis, que si la terapia gestalt, que si el coaching, … Hay decenas, cientos de posibilidades de abordar un quiebre personal. Mi opinión al respecto es que, más que el tipo de terapia, la persona debe analizar al propio terapeuta y evaluar si se siente cómoda con él y lo elige como copiloto en su viaje transformacional. Cuanto más fuerte sea ese vínculo terapeuta-paciente mejor fluirá la transferencia de información verbal y emocional entre ambos y con mayor rapidez ocurrirán los cambios que se esperan a lo largo del proceso.
Repito, para mí no es sólo una cuestión de metodología sino también de energía. Una persona elige con quién quiere exponer su intimidad, no con qué. Por eso, creo que un buen terapeuta debe dedicar una parte de su ‘reciclaje’ profesional en evolucionar como persona. Pienso que un buen psicólogo, un buen psiquiatra o un buen coach no lo son sólo por el número de títulos que cuelgan en su consulta sino que también lo son por la capacidad que tienen por profundizar en su autoconocimiento personal y de llenarse de esa energía que hace que una persona con tribulaciones la elija a ella sabedora de que está poniendo en buenas manos tanto su pudor presente como su bienestar futuro.

LA PÍLDORA MÁGICA

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El pasado viernes conocí a un hombre que había estudiado la esquizofrenia en profundidad a raíz del suicidio de un hermano suyo que padecía la enfermedad. Me decía este sabio que un tercio de los esquizofrénicos se curan, otro tercio conviven con la enfermedad con unas dosis baja de medicación y el resto seguían teniendo recaídas a lo largo de su vida. Lo más interesante de esa conversación fue la reflexión que me hizo sobre los medicamentos en el tratamiento de las enfermedades mentales. El argumento de este señor es que las pastillas no curan sino que atenúan los efectos provocados por el trastorno, al igual que ocurre con los mal llamados antigripales. ‘Para curar una disfunción mental –afirmaba este buen hombre- lo que hay que hacer es llevar al consciente lo que está en el inconsciente o en el pre-consciente y la única manera conocida de que esto ocurra es a través del amor’.
Coincido completamente con esta manera de tratar, no sólo las enfermedades mentales, sino cualquier tipo de inquietud, enigma o dificultad personal. Una cosa es el problema declarado que tenemos en el área consciente y otra bien distinta es la raíz de ese problema que generalmente se encuentra en el inconsciente. Si queremos obtener resultados perecederos en el tiempo debemos acceder al lugar donde se originó ese problema y para ello es necesario elevar a la conciencia lo que ha permanecido ‘escondido’ durante años.

CON CIENCIA

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Hace muchos siglos que filósofos, religiosos o humanistas hablan del poder curativo del amor. Ahora existen evidencias científicas que prueban esa creencia milenaria. El último estudio publicado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford confirma que “las áreas del cerebro que se activan cuando una persona está enamorada son las mismas que utilizan los analgésicos para reducir el dolor”.


Esta es la propuesta de Hablacadabra: utilizar la conversación para que la persona entre en contacto con el Amor; esa fuerza universal, invisible y todopoderosa que, en mi opinión, rige la parte más genuina y vulnerable de todo ser humano y tiene el poder de transformar el dolor en liviandad, la pena en alegría, la culpa en perdón y la inseguridad en determinación.

LA GÉNESIS

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Durante mi etapa como coach conocí alrededor de 250 personas con las que realicé un total de más de 1.500 conversaciones de coaching. Ejecutivos, administrativos, universitarios, parejas, deportistas, … Autoestima, comunicación, inseguridad, miedo, empatía, culpa, indecisión, rencor, , … Múltiples han sido los perfiles socioeconómicos de mis interlocutores y múltiples los problemas que hemos abordado. Sin embargo, a medida que recorría el camino iba comprobando cómo se repetían dos patrones que sustentaban la mayoría de los casos:

1.     las personas tenían un déficit de amor o de reconocimiento

2.     las personas vivían una vida que no les satisfacía ni les completaba



Me atrevo a decir que, en muchos casos, lo segundo era consecuencia de lo primero, es decir, que la causa principal de que una persona llevara una vida insatisfactoria (trabajo, pareja, amistad, ocio, salud, …) residía en el hecho de que esa persona había tenido o sentía que había tenido una falta de amor o de reconocimiento en algún momento o en algún ámbito de su vida pasada o presente.


Hablacadabra es un camino que abro con el bagaje recogido a lo largo de cinco años como coach con la intención de evolucionar la técnica que tantas satisfacciones me ha proporcionado. La propuesta es tan sencilla como retadora: utilizar la conversación para que la persona explore y descubra las áreas de su vida dónde no está siendo auténtica con el fin de que pueda recuperar el amor que recibe de sí misma y de las personas que le rodean.
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