SÍ, SE PUEDE
La sala de espera de la unidad de oncología está abarrotada. Sin embargo, no hay barullo. Ni rastro de ese runrún tan habitual en semejante tipo de aglomeraciones, como si el miedo se hubiera comido las ganas de conversar. Centro mi atención en una chica joven que está sentada en una esquina, junto a una amiga. Lo que llama mi atención no es el pañuelo en la cabeza o la hinchazón de su rostro o la profundidad de sus ojeras, sino la vehemencia con que agita su cuerpo. Está alterada. Muy alterada. De pronto, su nivel de auto control salta por los aires y se pone a llorar con ganas y sin ningún tipo de vergüenza.
Al instante, la amiga alarga una mano y le empuja con severidad el hombro hacia atrás para poder mirarla bien a los ojos. ‘No me hagas otro numerito, ¿eh? –le espeta sin compasión– Estoy harta de tus tonterías’. La chica se lleva las manos a la cara y hunde la cabeza entre las piernas para apagar el volumen de sus gemidos. La acompañante levanta la voz y el dedo índice y vuelve a arengar a la muchacha. Ante la desobediencia, la amiga se levanta con rabia, coge a la enferma por el sobaco y la obliga a abandonar la sala.
La inverosimilitud de la escena me deja estupefacto. El resto de pacientes empiezan a murmurar. Al rato, un arrebato de indignación se apodera de mi calor corporal y, a medida que voy repitiendo la escena mentalmente, empiezo a sentir los primeros síntomas de rabia. ¿Se puede ser tan hijo de puta?
BAILANDO CON GLOBOS
VUELO ACUÁTICO
EL DILEMA ESTÁ SERVIDO
El padre prepara el carbón para encender la barbacoa. La madre comparte el aperitivo con los invitados en la mesa del porche. De repente, veo al hijo pequeño acercarse peligrosamente al borde de la piscina y alerto a la anfitriona. La mujer, no sólo no se inmuta, sino que nos pide amablemente que continuemos con la conversación. A pesar de la recomendación, no puedo dejar de sacarle el ojo al niño que sigue tentando a su destino con una serie de imprudencias que sacarían de quicio a más de uno. Cuando, por fin, se oye el chapuzón, la madre se levanta con la presteza de una liebre y corre a pescar a su hijo. A los diez minutos, la mujer se reincorpora a la mesa con el pequeño envuelto en un reguero de lágrimas y pide que le sirvan otro martini blanco con mucho hielo.
Cuando vemos a un hijo, un familiar o un buen amigo que va a tomar una decisión que creemos que va a tener consecuencias negativas para su vida, ¿qué hacer? ¿Alzar la voz y prevenirle de la fatalidad que está a punto de cometer? ¿Esperar que nos pida consejo? ¿Callar, como hizo la mamá, y esperar el veredicto del destino?
LA ENTREVISTA SOÑADA (3)
Hábleme del Coaching
Fue muy importante en mi vida, tanto personal como profesionalmente.
¿Fue?
Sí, fue. Aunque hay unos principios básicos del Coaching con los que me siento identificado, he decidido ‘desetiquetarme’ como coach.
Le escucho
La mayoría de escuelas y corrientes de Coaching utilizan el conductismo como palanca del cambio personal. ¿Qué haràs? ¿Cómo lo harás? y ¿Cuándo lo harás?, son preguntas habituales en una sesión. Con los años de práctica empecé a sentirme incómodo con tanto énfasis en la acción.
Parece lógico que sea así, ¿no?
Sí, sobre todo en un entorno empresarial donde se buscan resultados a corto plazo. Quizás sea esta la razón del boom que está teniendo el Coaching Ejecutivo. Aún así, mi opinión es que ésta no es la única manera de generar un cambio de comportamiento . Y mucho menos de actitud.
¿Y cuál es su apuesta?
Mi propuesta, el lugar en el que me siento cómodo es el de la Conversación Genuina. Sin límites de hora, sin plazos, sin dinero de por medio, incluso sin objetivos (algo, por ejemplo, absolutamente impensable en el Coaching), la idea es generar un espacio amoroso en el que el ‘conversador’ experimente la quietud, la inacción, el estar y, ojalá, el ser. Desde ahí, desde ese ‘Ser Amor’ también se consigue algún que otro cambio personal.
LA ENTREVISTA SOÑADA (2)
Y la cuestión sexual, ¿cómo la lleva?
Ahora mejor. Al principio de la lesión, cuando vi que no podía satisfacer ni satisfacerme de la manera que había aprendido desde niño, me vine abajo. Hasta que un día apareció en mi vida una mujer que me sacó el sexo de los genitales y me lo puso en el cerebro.
¿Puede dar detalles?
Ambos veníamos de una separación traumática y no teníamos ninguna prisa en abrir la puerta de la habitación. Eso nos dio tiempo y sosiego para conectar a nivel emocional y para crear un ritmo y un lenguaje que luego utilizamos como referencia en nuestras conversaciones corporales.
Suena bien
Imagínese lo que significa para un impotente con el cuerpo paralizado poder recuperar la capacidad de dar y recibir placer.
¿Reniega del sexo más genital?
En absoluto. Defiendo la libertad individual tanto en ámbito de la sexualidad como en cualquier faceta de nuestra vida. También defiendo la capacidad de la práctica sexual para alcanzar estados superiores de conciencia.
Eso son palabras mayores
Eso es fruto de una vivencia personal. Fue tan trascendente y catártica la experiencia, que me vi en la necesidad de escribir un libro.
¿Está publicado?
Todavía no. Quiero pensar que es por culpa de la crisis. O quizás es que no soy tan buen escritor.
LA ENTREVISTA SOÑADA
¿Le molesta que le llamen minusválido?
No, en absoluto. Ni paralítico, ni lisiado, ni discapacitado. Lo único que me molesta es que me llamen cojo, entre otras cosas porque no lo soy.
¿Cómo prefiere que se refieran a su condición?
Persona con Diversidad Funcional. Considero que es una expresión muy amable y poco discriminatoria en la que se puede incluir desde una persona diabética o hipertensa a una persona alérgica.
¿Y eso?
Piense en una persona con migrañas o artritis o tiroidismo. Su vida está condicionada por esa disfunción. Quizás sea un condicionamiento cuyas consecuencias en el día a día tengan menos impacto comparadas con las de una persona ciega o sordomuda, pero al final es una cuestión de grado. La disfunción está ahí.
Visto así, todos tenemos una Diversidad Funcional
Esa es la grandeza del término. Nos pone a todos en el mismo saco. En mayor o menor medida, cada uno de nosotros tiene o ha tenido en algún momento de su vida una disfunción física que le ha obligado a adaptar su comportamiento cotidiano. Y cuando no es física, es emocional.
¿Diversidad Emocional?
Exacto. La aceptación definitiva de que el ser humano posee una naturaleza diversa, única e irrepetible.
IT’S SUMMER TIME
PIENSO, LUEGO LLORO
Hace un buen rato que hago cola en la ventanilla de un organismo público. Una chica delgada y pálida se acerca con timidez y me pregunta el número de turno. ‘El mío es más bajo -me dice con voz quebrada-, si quieres te lo cambio’. Finalmente, dada la rapidez con que se gestionan los trámites, no concretamos el trueque de la tanda. Ya en la calle, me vuelvo a cruzar con la gentil muchacha y la interpelo para agradecerle el gesto. ‘Es que tengo una hermana que también va en silla de ruedas -me confiesa-, y creo que las personas con discapacidad deberíais tener prioridad’. Intercambiamos los cómos, los cuándos y los porqués de los respectivos accidentes. A ella le cuesta más concretar los hechos. Se encalla. Se calla. Y rompe a llorar. ‘No hemos sabido ayudarla’ -se lamenta entre sollozos.
La hermana llevaba diez años con una depresión y hacía dos que intentó suicidarse conduciendo el coche de forma temeraria. El intento dejó a la mujer con una paraplejia y una incapacidad emocional para sustentar su supervivencia. ‘Ahora está en manos de los médicos’ -me dice con un atisbo de esperanza.
Un vacío en el estómago me engulle durante el trayecto de vuelta a casa. Pienso en la hermana discapacitada. Pienso en la familia y en el sentimiento de culpa que les ha generado el devenir de los hechos. Pienso en sus comidas de lo domingos, en sus navidades. Pienso en las personas que en algún momento de su vida han intentado sacarse de en medio.