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Felicidad, éxito, amor, … son palabras muy abstractas que se suelen usar con demasiada asiduidad. ‘Quiero ser feliz’, ‘Este tío es un triunfador’, … son frases que, en ocasiones, se dicen con ligereza pero que pueden convertirse en una pesada losa para determinados interlocutores. La cultura del no-amor promueve este tipo de giros lingüísticos y, lo que es peor, se atreve a recomendar una serie de recetas para encontrar ese ansiado nirvana. Es más fácil eso que proponer una reflexión sincera y ad hoc sobre el verdadero contenido de esa felicidad.
Con el tiempo, he desarrollado una aversión casi patológica al consejo, a la recomendación. Me produce urticaria decirle a alguien qué tiene que hacer o cómo debe proceder en una determinada situación. Reconozco que hay personas que necesitan ese tipo de asesoramiento, que prefieren tener a alguien que les vaya indicando el camino a seguir. Pero para eso está el consultor, el asesor, el mentor, el amigo, la familia, el cura, la pareja, el libro de auto-ayuda, los medios de comunicación y, más recientemente, Google.
A pesar de todos los consultores y asesores, la decisión final parte de uno y uno es feliz cuando sabe que está en el camino correcto a pesar de las dificultades y equivocaciones.¿Pero cuál es el camino correcto? Esta es la gran pregunta y esta solo lo sabe uno.Averigüemos cual es el camino.Un abrazo.Luis Oiarzabal
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El lenguaje está lleno de trampas. ¿Realmente la felicidad debe ser el objetivo?http://infinautica.wordpress.com/2010/10/20/%C2%BFla-felicidad-es-el-objetivo/
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